martes, 19 de agosto de 2008

19/8/08: Segundo día en Amritsar

Madrugamos bastante para ver amanecer en el Templo Dorado. Mereció la pena.

Poco a poco fuimos descubriendo que llevar la cabeza cubierta y los pies descalzos no era las únicas normas. No estaba bien visto tumbarse, ni sentarse de espaldas al templo, ni algunas otras cosas.

MacLeo sorteando los obstáculos en la habitación cuádruple.

Fuimos a comprar el billete de tren para Benarés. Esta vez fuimos con tiempo y conseguimos uno bastante bueno. Finalmente decidimos pasar un día en Agra, que nos pillaba de camino a Benarés.

Esperando la cola para comprar los billetes del tren conocimos a este personaje risueño que nos dijo que se llamaba "Happy" y nos pidió una cocacola. Parece que tenía alguna enfermedad, pero a pesar de que se movía con dificultad después lo vimos ayudando en el comedor y siempre sonriente.


En Amritsar hay dos cosas típicas: una es el Templo y la otra es la ceremonia que hacen todas las tardes al ponerse el sol en la frontera con Pakistán (bueno, quizá haya otras cosas, como esos dulces que parecen nidos de pasta y que tanto intrigaban a Elena).
¿Ibamos a ver un desfile militar? ¿Qué tendría de interesante?


Cogimos dos autorickshaws y nos fuimos a la frontera con Pakistán, que estaba a pocos kilómetros.


El desfile era más bien una fiesta.


Leo cogió la cámara y se fue a hacer un minireportaje.

Mientras las mujeres jóvenes bailan (Elena y Leo entre ellas, no hay foto?) , las coloridas madres y abuelas esperan sentadas...


Y los hombres, menos coloridos y contenidos por una cuerda, gritan como si fuera el fútbol.
Una especie de animador con un micrófono dando gritos patrióticos como "Hindustán Zindabad!" y "Bharat Mata Ki!" (Todo el mundo respondía, hasta algunos guiris se animaban)



Esta es la zona de los guiris, supongo que nos iban poniendo juntos para vigilarnos mejor en caso de bombas y demás.
Aquí estamos asombrados comiendo palomitas.

Este soldado es el indio más alto que vimos en todo el viaje. Creo que todos los soldados medirían más de 2 metros.


Además todos llevaban esa elegante cresta roja que les daba por lo menos otros 30cm.


Al otro lado de la frontera, Pakistán.
Por lo que podíamos ver, al otro había exactamente el mismo numerito pero protagonizado por pakistaníes.
A veces la ceremonia consistía en ver cuál de los dos lados gritaba más.
No sé si realmente se odiarán tanto, pero a simple vista la única diferencia que se veía era que los soldados pakistaníes llevaban las crestas negras y los indios rojas.


A los niños les encantaba todo.

A mi me pareció muy triste que detrás de esta ceremonia que nos parecía tan ridícula, estos dos países se estén amenazando con armas nucleares que pueden matar a millones de personas.

Al anochecer volvimos al templo...

Mamen en pleno subidón maternal.

Después de hacer alguna foto nos dimos cuenta de que se empezaba a juntar gente a nuestro alrededor...

Madres con niños...

Y hasta familias enteras con abuelos y nietos pidiendo que les hicieramos una foto...

Solo para verse un momento en la pantalla de la cámara...

Al final tuvimos que escaparnos casi corriendo porque no paraba de venir gente.

Este de la izquierda no es un sikh clarito de piel, sino un abogado malagueño que conocimos allí, concretamente de Huelin. Es curioso encontrarse a un casi vecino tan lejos, estuvimos investigando y hasta conocemos gente en común. (Otra muestra de pañuelismo-mundial)

Elena y Leo reparten platos...

Después de cenar gratis varias veces pensamos que lo suyo sería colaborar algo en el comedor, ya que todo funciona a base de voluntarios y cualquiera puede ayudar. Sólo hay que acercarse a alguien y preguntarle si quiere que lo releves. Fue una gran experiencia sentirse parte de esa cadena de colaboración que nunca se detiene.

Alma, la argentina que conoció Virginia. Iba a quedarse una buena temporada, y su plan era ir a Calcuta de voluntaria. La verdad es que valentía no le falta, y se estaba preparando en todos los sentidos, incluso estaba bebiendo la temible agua del grifo para irse acostumbrando "¡No voy a estar años bebiendo agua emboteshaada!"

Todas las noches hay un montón de gente durmiendo en la entrada.

Un conductor de rickshaw duerme en su vehículo.

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