lunes, 18 de agosto de 2008

18/8/08: Caminito de Amritsar

Nos alejamos de las montañas y volvemos al sur, a las llanuras...
Nos vamos a Amritsar, capital del Punjab, tierra de los Sikhs, que practican una curiosa religión mezcla de hinduísmo (creen en la reencarnación) e Islam (rechazan las castas, les gusta la vida familiar, los turbantes y las barbas).

Por la mañana tempranito cogemos un Jeep los 6 y Lourdes, una amiga ¡granadina! que conocimos en Dharamsala. Virginia nos esperaba en Amritsar.

Nos despedimos de los monos.

Y seguimos el camino por la preciosa zona de Kangra, llena de gargantas, montañas y selva.

Esta familia en moto nos siguió un buen rato.


Era de día, íbamos despacio y cruzamos muchos pueblos, así que el viaje fue muy entretenido.
Otra vez mas acabé con dolor de cabeza de tanto mirar y mirar. Tanta novedad desborda nuestros cerebros.

La bici es el vehículo estrella...

Seguida por el burro.


No sabía que hubiese carros de burros marca toyota.


Este debe ser el más moderno del pueblo.


Como este "Modern School Bus"


Lo único malo del viaje era el polvo y humo de coches en algunos tramos.


Había momentos que el polvo casi tapaba el sol.


Todo el mundo que nos cruzábamos nos saludaba.

¡¡Llegamos a Amritsar!!
Lo primero que hicimos fue buscar alojamiento en el recinto del templo dorado.
Los sikhs son tan acogedores que ofrecen comida y alojamiento gratuíto a todo el que quiera visitar su templo...
Pero estaba todo ocupado por una invasión de mochileros koreanos, así que otra vez nos pusimos a dar vueltas a buscar hotel.
El recinto tiene 4 puertas siempre abiertas, una en cada dirección, simbolizando que todo el que llega es bienvenido.

Para entrar al recinto del Templo Dorado hay que cubrirse la cabeza con algo...
Estos amables sikhs vieron lo cutremente que tenía puesto el pañuelo y me lo anudaron al auténtico estilo sikh.

Aquí estamos sentados con las cabezas bien tapaditas junto al lago Amrit Sarovar (de donde viene el nombre de la ciudad).
La verdad es que en este sitio todos notamos algo especial, un ambiente de espiritualidad, respeto, hospitalidad y una buena sensación que lo invade todo.

En el centro del lago, el famoso Templo Dorado...

El lugar más sagrado para los Sikhs.

Entramos al templo, pero dentro no se pueden hacer fotos.
En el centro del templo está el libro sagrado, que se turnan para leer ininterrumpidamente las 24 horas del día, desde hace siglos...
También hay siempre un grupo de músicos, que va se turnando cada hora, tocando y cantando música religiosa con sitar, tabla y una especie de acordeón.

Por fin llegamos al famoso comedor del templo dorado, donde dan comida a todo el que llega para que coman todos juntos, pobres y ricos.
Estos niños iban solos y llevaban un trozo de tela puesto en la cabeza, el de la derecha una servilleta sin anudar ni nada.
La comida estaba buena, pero picaba bastante: dhal (puré de lentejas superpicante), judías, dulce de patata y una especie de gachas blancas.

Este retoño se acercó, solito y churretoso, así que lo acogí de buena gana, pero al rato comprendí que no era un huerfanito: un supersikh, con espada y todo, resultó ser su padre. (Lástima que de él no tenemos foto)

El sikh del turbante naranja quiso hacerse amigo de Víctor y le dio conversación toda la noche (gran mérito para hablar 4 palabras de inglés), yo intenté integrarme pero no hubo manera, parece que los sikhs no hablan con mujeres así como así...

Aquí la cocina del templo...
A la izquierda la zona de preparación de pan (chapatis). Una cadena en la que unos amasaban, otros hacían bolas, otros aplanaban las bolas y otros las tostaban. También había unas ollas gigantes que no salen en la foto.
A la derecha la zona de fregado. Lo primero que se escucha al entrar al recinto del templo es el ruido de los platos metálicos chocando.

La cadena de la cocina nunca para, y al parecer son todos voluntarios.
Aquí una cadena de abuelos sikhs se van pasando los platos sucios...

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